Una vuelta en, caminando por el barrio, me encontré con el negro bayaspirina, un amigo de toda la vida, que en la vida había dado muchas vueltas -y esta lo vuelteo a él- que venía del centro, había ido a comprarse una pelotudez, según él, ah, y también unas 'llantas'. Le pregunté cuanto les habían salido, de curioso nomás, y como el boludo no se acordaba, me dio un par de tickets para que encuentre el que era, y me fijé. Entre los tickets encontré 2 que me llamaron la atención, uno por la compra de una caja de balas, y el otro por una de ansiolíticos.
Inevitablemente le tuve que preguntar que le andaba pasando, en una de esas se estaba bien jodido y por ahí le podía tirar una soga. Pero por como me contesto, de mucho no podía servirle, como quién no quiere la cosa me dijo: "Nada, estoy hecho un maricón, resulta que ahora para matar me pongo nervioso, ¿me podés creer?"
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
2 comentarios:
jajajjajaja. hay historias que solo son graciosas si realmente ocurrieron, y hay otras que, se hayan dado o no, hacen que uno se ria. esta es del ultimo tipo, afortunadmaente (y la fortuna residiria en que no haya pasado, cosa que creo y espero).
esto es producto de tu retorcida y chistosa (mirá, palabra que usás siempre, viste viste) mente. retorcido y chistoso es, indeed.
Publicar un comentario