miércoles, 12 de agosto de 2009

El Gastón.

Y ahí estaba él, en un rincón de la casa, a oscuras, con su arma en la mano; viendo como entraban esos 3 individuos por la ventana que daba al patio. Miró detalladamente cada cosa que hacían, cada palabra que decían, cada arruga y mancha de sus ropas, cada rasgo facial de cada uno de ellos. Hasta que en el momento propicio, y en cuestión de segundos encañoñó a quién parecía dirigir a los otros 2. En ese instante, quedaron los 3 extraños inmoviles, perplejos, ante la actitud temeraria de Gastón.
A punta de pistola, los maniató y amordazó, dejandolos tirados en el living de la casa. Guardó su pistola en la cintura, y salió al patio, cargó las bolsas, se subió a los camellos y se fue.
Ese 6 de enero no hubo regalos para nadie, y los reyes magos fueron encontrados 2 días después, en grave estado de shock, y maniatados, en una casa de campo. Desde entonces Melchor, Gaspar y el tan conocido Baltazar sufren de agorafobia y viven como reyes (valga la redundancia) en su propio country, gracias a la plata que le sacaron a la ART en el juicio por trabajo insalubre.

Gastón apareció 2 meses después, estaba hecho mierda abajo de un scania que ni cuenta se había dado que lo cagó pisando. Manejar un camello no era tan fácil después de todo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

jajaja, muy bueno.

cam dijo...

muy copado. Me encantan los relatos que parecen ser algo que no son, sobretodo los que cuando te das cuenta lo que es de verdad, los tenes que empezar desde el principio pensando en eso. Me facinan.